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RELATOS
Acerca de Yully Mar Imprimir E-Mail

Un señor regaña a mi mamá. Le reclama el por qué va a tener otro bebé, si sabe lo peligroso de estar embarazada con más de cuarenta y dos años de edad, que son demasiados hijos y el por qué no lo pensó antes. Yo no entiendo nada. Sólo quiero estar calentita junto a ella, espero nacer con tranquilidad y respeto, quiero conocer a mis hermanos, ver el mundo en el que me hicieron y tomar la rica leche del seno materno.

Mi madre nunca fue al médico teniéndome en su vientre ¡Quizás no necesitabamos nada! Con su intuición de que estábamos bien le bastaba. Sólo necesito estar en este lugar junto a ella y sentirme protegida.

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Edif. de una yugoslava Imprimir E-Mail

Plantas y arbustos rodeaban el gran muro gris que daba a aquella lúgubre entrada principal. De allí salió una señora mayor, de origen extranjero, quien lucía un aspecto descuidado y sucio en sus ropas, cuyo cuerpo había sido maltratado, consumido y destruido por el cigarrillo barato que compraba desde que había llegado a este país -según me dijo- en un kiosko de cualquier esquina. Se había transformado en lo que me hizo pensar que era, una mujer cuya piel se había marchitado por el pasar del tiempo en solitario. No conocía piel cercana -sólo la suya- la cual observada timidamente en el espejo oxidado de su baño. Una mujer no querida, escondida entre las plantas espinosas de su jardín. Una piel curtida y seca, llena de escamas. Ennegrecida por el sol que daba en la tarde en su balcón. Una mujer que envíaba en sus ojos una mirada de odio a todo lo bello que no le pertenecía. Fue ella, sólo ella, quien me hizo pasar a ese escondido, pequeño y solitario edificio, donde desde hace horas había reservado mi esposo, una de las habitaciones principales.

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Carta para el bebé Imprimir E-Mail
Me encontré sola después de un año. Deprimida por el ruído, la contaminación ambiental, inseguridad en la calle, el estrés en la gran ciudad y la pérdida de una persona amada. Por insistencia de doctores, amigos y familiares, pisé un 19 de Abril por primera vez el suelo de esta pequeña y hermosa isla. Me dispuse a bajar del ferry con la esperanza de que algo grande sucedería, al menos eso me decían. Estaba atenta entonces a cualquier cosa que ocurriera y que supuestamente cambiaría mi vida.
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